Para lograr un verdadero entorno de inclusión financiera, lo primero es lograr que los usuarios conozcan el funcionamiento de los servicios financieros.
Para hablar de educación financiera es necesario entender por qué es tan importante en la actualidad. La globalización y los avances tecnológicos de los últimos años han complejizado y multiplicado el número de productos y servicios financieros disponibles, aumentando la necesidad de los ciudadanos de tener un conocimiento que les permita tomar buenas decisiones económicas y financieras. Por ello, se debe mencionar la inclusión financiera que comprende el acceso y uso de servicios financieros bajo una regulación apropiada que garantice esquemas de protección al consumidor y promueva la educación financiera para mejorar las capacidades financieras de todos los segmentos de la población (Comisión Nacional Bancaria y de Valores de México). Este objetivo genera mayor crecimiento y desarrollo al ser un mecanismo que permite incrementar el bienestar de la población al poder desplazar los flujos de ingreso y consumo en el tiempo por medio del crédito y ahorro, así como la acumulación de activos y la creación de un fondo para la vejez.
A pesar de estos beneficios, solo 50% de las personas adultas en el mundo tienen una cuenta en una institución financiera formal, mientras que en la región de Latinoamérica y el Caribe el uso es más bajo, de 39%, y donde solo 8% de los adultos solicita préstamos en el mercado formal.
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En este entorno de inclusión financiera y uso de ella, la educación financiera quizá debió implementarse primero, pues es la base no solo para una óptima gestión de recursos financieros sino también para una posible solución a una conocida realidad de endeudamiento y cultura financiera. Bajo esta premisa se define educación financiera como “El proceso de desarrollo de conocimiento, de habilidades y de actitudes en las personas de manera que contribuyan a su bienestar financiero” (PLANEF, 2018), del cual se desglosa:
La educación financiera abarca todas estas competencias para poder hacer ejercicio de las finanzas y estar “preparados” para ser parte de la inclusión financiera desde una óptica conceptual. Sin embargo, la realidad dista mucho de la teoría. Un estudio realizado por la Universidad de Osaka (Japón) reveló que 71% de los encuestados carecía de conocimientos sobre bonos y acciones, mientras en Estados Unidos, el país con mayor tradición en educación financiera, 40% de sus residentes no confía en lograr ahorrar lo suficiente para jubilarse. (Tanzi, 2019)
La educación financiera sintetiza un bienestar financiero individual, teniendo como principio que el individuo es la base para el desarrollo familiar y, por ende, de la sociedad. Para ello, la educación financiera buscará concientizar sobre el buen uso de los recursos con los que cuenta cada persona. Pero ¿en el Perú se imparte educación financiera? Para quienes superamos los 20 años la respuesta lamentablemente es no. Hace pocos años recién se volcó la mirada a este tema y se han iniciado capacitaciones en educación financiera impulsadas por proyectos del sector privado, en su mayoría, y públicos direccionándola con mayor énfasis a niños y jóvenes. A pesar de ello son aún insuficientes para el universo de nuestra población.
Actualmente en el Perú se desarrolla la Política Nacional de Inclusión Financiera que tiene como principal objetivo mejorar la articulación de las iniciativas en diversos sectores por lo que se trabaja en facilitar el acceso y el uso de diversos servicios financieros. De acuerdo con la SBS, el acceso al sistema financiero (SF) se ha incrementado, ya que en el 2011 solo el 33% de los distritos tenían presencia en el SF y en el 2018 este porcentaje se incrementó a 82%. Asimismo, para este período, el porcentaje de adultos cubiertos pasó de 82% a 98%.
Por un lado, la prueba Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, dirigida a alumnos de 15 años, evidenció que casi la mitad de los estudiantes está por debajo del mínimo esperado, no siendo capaces de identificar productos y términos financieros comunes, ni de interpretar información relacionada con conceptos financieros básicos (OECD, 2017). Un indicador de que la problemática social se debe abordar desde la niñez, más aun tomando en consideración que esta competencia ha sido reconocida como una habilidad esencial para afrontar los desafíos de la vida adulta.
La siguiente tabla muestra que Perú, según la evaluación PISA, en 2012 se encontraba fuera de la media internacional mientras que en 2015 ya estaba dentro de la misma.
| País | PISA 2012 | País | PISA 2015 |
| Shanghai-China
Bélgica (Flandes) Estonia Australia Nueva Zelanda República Checa Polonia Letonia Estados Unidos Federación Rusa Francia Eslovenia España Croacia Israel Eslovaquia Italia Colombia Media |
603
541 529 526 520 513 510 501 492 486 486 485 484 480 476 470 466 379 500 |
China
Bélgica (Flandes) Canadá Federación Rusa Países Bajos Australia Estados Unidos Polonia Italia España Lituania Eslovaquia Chile Perú Brasil Media |
566
541 533 512 509 504 487 485 483 469 449 445 432 403 393 481 |
Fuente: OCDE (2014) y OCDE (2017)
En el Perú se propuso un plan nacional que incorpore educación financiera (EF) diseñado entre 2012 y 2015 por un comité multisectorial con representantes del Ministerio de educación y de las principales autoridades bancarias, de seguros y fondos de pensiones privados, siendo el primer país de América Latina en incorporar la educación financiera en la secundaria a través del Diseño Curricular Nacional aprobado por Resolución Ministerial N° 0440-2008- ED. Posteriormente, el MINEDU aprobó el nuevo Currículo Nacional de la Educación Básica (CNEB) por Resolución Ministerial N° 281-2016-MINEDU en el cual se replanteó la enseñanza de la educación financiera bajo un enfoque de desarrollo de competencias, entre ellas “Gestiona responsablemente los recursos económicos”.
Asimismo, se implementó la iniciativa #pormicuenta para los beneficiarios de Beca18, y también se gestaron otros esfuerzos entre los que destacan el curso virtual de la Asociación de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), el Centro de Estudios Financieros (CEFI) de la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC). Con relación a las poblaciones vulnerables resaltan los programas implementados por el Fondo de Cooperación para el Desarrollo Social (FONCODES), así como iniciativas privadas del Banco de Crédito del Perú, BBVA, entre otros.
Sin embargo, al margen de todos los beneficios que brinda la inclusión financiera que conduce a regular una EF de calidad, se precisan problemáticas tangibles: la mala gestión financiera: personas naturales que manejan tres o más tarjetas de crédito sin el conocimiento de las comisiones que pagarán, las tasas que pagan por sus compras al realizarlas en varias cuotas, las políticas de exoneración de la membresía y, probablemente el error más común, solicitar préstamos con su tarjeta de crédito sin considerar la Tasa de Costo Efectiva Anual (TCEA), que es el costo total del crédito. Del mismo modo, solicitar préstamos a entidades financieras sin tener un objetivo claro de hacia dónde destinar ese dinero y terminar usándolo en gastos innecesarios o invirtiéndolo en negocios que no rinden lo suficiente para poder pagar este financiamiento. Por otro lado, están quienes tienen el buen hábito del ahorro desde la infancia ya sea en alcancías u otros objetos. Sin embargo, siempre han guardado su dinero en lo que para ellos les representa un lugar muy seguro (su hogar), y a causa de ello, aún existe cierto temor por las entidades financieras.
La carencia de educación financiera desde la niñez incide en futuros consumidores y clientes financieros poco competentes y restringe el desarrollo económico, la estabilidad financiera y la productividad, sin contribuir a la reducción de la pobreza y desigualdad.
Pensamos que la brecha existente, a pesar de los esfuerzos por impulsar el desarrollo y crecimiento financiero, reposa en un desinterés por parte de la población, una falta de inclusión financiera de calidad y educación insuficiente, además de una falta de cultura financiera y una serie de emociones a la hora de tomar decisiones financieras. Consideramos rescatables y plausibles las medidas tomadas de las cuales se espera resultados en años futuros. Por consiguiente, identificar la entidad que regula el sistema financiero, y de quién depende impartir una educación financiera ya que son varias las instituciones internacionales que han apoyado estas iniciativas, es determinante para que la inclusión financiera funcione y logre su finalidad principal como un factor clave para reducir la pobreza e impulsar la prosperidad (Banco Mundial, 2018) y este progreso sea sostenible.
*Este post es una colaboración de Bryan Correa, Estéfani Miranda y Gabriela Solís, estudiantes de la carrera de Economía y Negocios Internacionales de la Universidad Privada del Norte.
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