Conciencia turística y orgullo por lo nuestro

conciencia turística y orgullo por lo nuestro

Desde siempre, los pueblos del mundo han mostrado un orgullo particular por su patrimonio, sea éste material o inmaterial. China por su muralla, Egipto por sus pirámides, Francia por sus logros revolucionarios, Cusco por Machu Picchu, Arequipa por el Misti y Cajamarca por sus carnavales. A la par de ello los pueblos tienen un especial sentimiento por su patrimonio intangible: el Señor de Sipán para los chiclayanos, la Virgen de la Puerta para los otuzcanos, ser cuna del célebre Miguel Grau para los paiteños o la veneración a la Bandera Nacional por parte de los tacneños.

Todos esos «orgullos» nacionales o regionales son el patrimonio de cada pueblo, y es que cada uno de nosotros estamos ligados fuertemente a la tierra donde nacimos o a aquella en que nos desarrollamos. Es un sentimiento telúrico de veneración por nuestras raíces que origina en nosotros no solo un sentimiento de orgullo, sino también uno de compromiso por engrandecerlo. ¿Qué peruano no quisiera que nuevamente cobre vigencia aquello de «Vale un Perú»?

El turismo cumple una función importante en este aspecto, pues al permitir que los visitantes aprecien lo que cada país o región les ofrece, sus pobladores recibirán satisfacciones de las que se sentirán orgullosos como naturales del lugar. Podemos afirmar entonces que el turismo se convierte en un «agente de peruanidad».

El orgullo, el regionalismo y la peruanidad son elementos a los que el turismo convierte en valores reales y tangibles. Por ello sostenemos que una cruzada de orgullo local, regional y nacional debe iniciarse desde las aulas. Comparto lo que sostiene mi amigo Carlos Villena Lescano en su obra Siete Ensayos sobre el turismo en el Perú cuando dice: «Siempre hemos estado convencidos que el cabal conocimiento de la ciudad, sus tradiciones y costumbres del país en general, son la base para sentir orgullo y eso lo provee el turismo como vehículo cultural. Por consiguiente, orgullo nacional y conciencia turística forman parte de un proceso educativo de gran escala en el que ambos corren juntos. Por eso, al hablar de un tema de inmediato y casi automáticamente se involucra al otro porque el turismo aporta el insumo básico para sentir orgullo. De modo que la conciencia turística es un pilar estructural de todo lo señalado».

Dentro de ese marco conceptual no podemos hablar de desarrollo turístico sin antes haber logrado que el ciudadano se sienta vinculado a sus valores y a sus recursos turísticos. Es decir, sentirse partícipe directo de lo suyo para conocerlo, respetarlo, conservarlo, difundirlo y mostrarlo. Por ello, es muy importante destacar que la conciencia turística es un valor fundamental basado principalmente en la cohesión del orgullo nacional y la educación en función del turismo; ambos son elementos que no pueden ir separados. No podemos hablar de un auténtico desarrollo turístico sin antes haber forjado una auténtica conciencia turística. Esa es la gran tarea de hoy.

*Este post es una colaboración de Iván La Riva Vegazzo, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

 

 

 

 

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