La importancia de suscitar emociones positivas

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“Todo entra por los ojos”, es una frase que solemos oír y repetir continuamente, pero ¿es del todo cierta? Lo que realmente sucede es que la información que obtenemos entra a través de todos los sentidos, no solo de la vista. Nuestros sentidos son la puerta de ingreso de la información exterior, que luego será procesada e interpretada y pasará a nuestro “mundo interior”, para finalmente activarse ante una situación ya sea como una emoción o una reacción.

Según lo expuesto por Miguel Ayensa (2016), el mundo interior se forma, de un lado, por la predisposición genética individual, aunque el medio ambiente también juega un papel sumamente importante, ya que conforma la experiencia de vida propia y ajena, la educación y toda la información que se haya guardado en la memoria. Por ello, un mismo hecho puede ser vivido o experimentado por cada persona de un modo diferente y único. Asimismo, el contexto, el estado emocional, las exigencias y el nivel de descanso juegan un papel importante en cómo un individuo puede afrontar una situación.

En este sentido es importante mencionar que una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y hormonales) de origen innato o influenciados por la experiencia.

En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que utilizamos para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en que se percibe dicha situación.

Es importante precisar los puntos antes expuestos pues nos permite comprender mejor el papel que desempeñamos frente a nuestros estudiantes. Ellos tienen una apreciación, un concepto de  cada uno de nosotros y es esta apreciación la que genera la aceptación o rechazo.

¿Cómo podemos lograr entonces que nuestros estudiantes tengan un buen concepto sobre nosotros? ¿Cómo generamos una emoción favorable en ellos? A través de la información que les proporcionamos. Es decir, no solo lo que decimos, sino todo lo que proyectamos: la imagen personal, el tono de voz, las expresiones faciales; en definitiva, la expresión corporal en su totalidad. Recordemos que constantemente activamos sus sentidos y generamos emociones en ellos. Un docente no es lo que dice ser, sino lo que representa.

En este nuevo ciclo de estudios pongamos mucha atención en cómo nos perciben nuestros estudiantes, reflexionemos por un momento en la imagen que estamos proyectando y gestionemos mejor la información que proporcionamos para suscitar emociones positivas y significativas en ellos y en nuestros pares.

*Este post es una colaboración de Lezly Flores Zulueta, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.                                                                               

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