Crisis financieras internacionales y ética

Con la subida de la tasa de interés a 0.25% por la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), a cierre de 2015, podemos creer que los años de crisis financiera internacional, que iniciaron en 2008, han llegado a su fin. Es evidente que esta alza de la FED es una muestra de confianza que busca trasladarse al mercado de capitales a nivel internacional (Morales, 2015). La crisis financiera -denominada tsunami financiero-, ocurrió entre el 25 de septiembre de 2008 y fines de octubre del mismo año. Colapsaron varios de los bancos más importantes del mundo ubicados en New York; es decir, uno de los mercados de capitales más grandes del planeta se derrumbó y casi lleva consigo a otros más ubicados en Londres y Europa (Marichal, 2013). Si bien podríamos pensar que esta crisis se dio de manera aislada, lo más realista es decir que el mundo es más inestable de lo que desearíamos.

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Haciendo un recuento de la crisis de 1930 -la Gran Depresión-, una crisis financiera del llamado capitalismo moderno, se considera que fue el “crac” del 24 de octubre de 1929 en Wall Street, causado por un estricto control del sistema monetario y bancario a nivel internacional, lo que provocó el derrumbe de la economía global, siendo los grandes protagonistas de la misma Alemania y Estados Unidos, aunque una recesión de escala mundial afectó sectores como la industria, la agricultura y el turismo, entre otros (Marichal, 2013).

En América Latina se conoce de la crisis de 1980, que llevó a una gran problemática y un efecto nocivo en la población infantil (Romero & Szwarcwald, 2000). Posteriormente la burbuja inmobiliaria de Japón estallaría en 1989 (Torrero, 2008) y en España la crisis económica llegó en 1993 (Quintana, 1993). Por su parte en México se dio el conocido Efecto Tequila, que no era nada más que una crisis financiera provocada por el excesivo endeudamiento exterior. Iniciada en 1994, impactó fuertemente en la población mexicana en años siguientes (Ffrench-Davis, 1997). Hacia delante podemos hablar de la crisis rusa de 1998, la crisis asiática en 1999, del problema de la devaluación de 1999 en Brasil y la crisis Argentina en 2001 (Quintana, 1993).

Como es evidente, las crisis financieras no son aisladas. La Escuela Austriaca sugiere la existencia de ciclos económicos debido a la manipulación de la tasa de interés para promover un consumo y producción por encima de posibilidades reales. Bajo esta teoría se explica la crisis subprime de 2008 y por supuesto la inestabilidad del mundo financiero (Tortul, 2012). Sin embargo, no debemos dejar de lado el comportamiento ético contable y financiero en todos estos acontecimientos. Muchas veces nos asombramos de los acontecimientos globales pero no tomamos en cuenta los más pequeños, esas pequeñas faltas éticas donde empiezan las grandes crisis.

En conclusión, después de lo descrito respecto a las crisis financieras internacionales, es importante resaltar que la próxima crisis mundial podría ser cíclica como lo muestra la historia y sugiere la Escuela Austriaca, o probablemente sea una crisis que ya estamos viviendo por falta de un comportamiento transparente, ético y moral. Actualmente el mundo está necesitado de personas que no solo sean excelentes profesionales, sino también personas de un comportamiento ético comprobado, con capacidad de respuesta ante una sociedad cansada de fraudes y corrupción. Personas que demuestren ideales de nobleza, moral y ética, contribuyendo a la construcción de un mundo más justo y reconciliado.

*Este post es una colaboración de Christiaan M. Romero, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

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