Una preocupación permanente de la política pública respecto a los docentes ha sido, y sigue siendo, cómo evaluarlos. La razón de esta preocupación tiene una doble explicación. La primera es que los profesores significan un gran porcentaje del gasto de un país. Por ejemplo, en el 2016 la asignación de gasto para pago docente alcanzó la cifra de algo más 9,200 millones de soles, o sea un 38 % de todo lo que el Perú gasta en Educación. La segunda razón es que uno de los indicadores clave para saber si estamos recibiendo un servicio educativo de calidad es mediante la evaluación docente.
Debemos reconocer que, a diferencia de otros países, especialmente los anglosajones, en el Perú la preocupación por la evaluación es bastante reciente. Me refiero específicamente a la evaluación docente como una mirada comprensiva de su performance y de su actuación en aula.
Fue a partir de la Ley de Carrera Pública Magisterial del año 2007 que se introduce la lógica de la meritocracia y con ello el mecanismo de evaluación docente como elemento fundamental del desarrollo docente. Hago la aclaración puesto que en leyes anteriores los docentes sí pasaban procesos de evaluación, pero con diferentes nombres y era una evaluación básicamente documentaria. Esto cambia con la nueva Ley, pero abre la discusión sobre cuál es el mecanismo más confiable, justo y mejor para realizar este importante proceso.
Ahora bien, explicado todo lo anterior creo importante precisar que está referido al sector de la educación pública. Entonces, ¿como evaluar a los docentes de la educación privada? En el Perú existen 2 millones 200 mil estudiantes en colegios privados desde inicial hasta 5to de secundaria. ¿Qué herramientas tiene el padre de familia para poder evaluar la performance docente? Aquí entregamos consejos para poder realizar tan importante labor, puesto que de no hacerlo estaríamos asumiendo que la educación que reciben nuestros hijos es de calidad, cosa que no necesariamente es cierta.
El proceso de evaluación docente tiene, además, una estrechísima relación con la formación del mismo. Con la base de una formación profesional innovadora y adecuada a las necesidades de los nuevos tiempos. Porque esa aproximación al alumno y su formación se aprende desde cuando el profesor está siendo formado y un salón de clases en su centro de formación.
*Este post es una colaboración de Paul Neira, asesor académico de la carrera de Educación y Gestión del Aprendizaje de la Universidad Privada del Norte.
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