Entre los jirones de una húmeda Magdalena, se recorta bajo un cielo negro y denso una casona roja de tipo republicano, que promete ofrecer algo diferente en el panorama del teatro contemporáneo limeño.

«Yuyachkani” -estoy pensando/estoy recordando en quechua-, es el nombre de esta agrupación en el verdadero idioma de un país que parece olvidar lo que más gloria y resplandor tendría que otorgarle.
La expectativa es fuerte, emocionante y evidente en todas las caras de los asistentes que impacientes, antes de ingresar a la sala, llenan el pequeño e íntimo bar que tiene la casa, tomando un mate o un café para matar el tiempo.
Otros dan un vistazo a sus alrededores y encuentran huellas que los mandan a lo que se pondrá en escena en unos minutos.
¿Qué cosa se quiere recordar? ¿Cuál es esta verdad que no se puede nombrar?
Nos llaman…
«¡Listos! ¡Listos! ¡Ya comienza!»
Disciplinados, como colegiales en fila en un comedor repleto a la hora del almuerzo, se entra como en la panza de una ballena que ha comido periódicos, murales, televisores, revistas, pinturas, actas, libros sobre un pedazo de historia peruana que parece un guión perfecto para una película destinada a volverse una obra maestra, y que crea una perfecta intersección entre la memoria de la Guerra del Pacífico (1879-1883) y el periodo subversivo (1980-2000), donde los integrantes de Yuyachkani, dirigidos por Miguel Rubio, se han propuesto explorar los paralelos entre estos dos grandes conflictos para mejor analizar lo que ha conseguido sobrevivir en el Perú como República.
Acabado el túnel que catapulta al periodo histórico elegido, se está dentro del escenario, porque lo que Sin Título quiere brindar no es una «usual noche de teatro», sino una experiencia que quiere involucrar todos los sentidos dentro de un marco multisensorial, visionario y conceptual que deja sin palabras, mas con muchas emociones.
Y empieza el vagabundeo…
El espectador se encuentra ante una mezcla de obra de teatro y exposición museográfica: por toda la sala hay cartas que cuentan de la guerra con Chile, ropa de la época, pinturas, reliquias, recuerdos…
Todo se mueve. No hay puntos fijos: escenario, actores y público comparten el mismo baile que pone en acción la memoria, así como la curiosidad de conocer más sobre lo representado, en lo que parece un museo interactivo.
Los personajes son todos víctimas, más mujeres que hombres: una viuda tapada, una monja y una esposa militar del siglo XIX, una rabona, un soldado, una serrana. Pero hay más.
El personaje principal, simbólicamente representado por una bandera ultrajada, que dos mujeres levantan en el centro de la sala sobre las cabezas de la audiencia pasmada, es el Perú, homenajeado en esta original declaración de amor, en la cual Yuyachkani quiere resaltar el coraje de la denuncia, el amor por la justicia y la fuerza del seguir adelante buscando una verdad, aun cuando siga sin nombre.
* Este post es una colaboración de Aura Di Giovanni, docente de la Universidad Privada del Norte.
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