World Press Photo Lima: nuevos espacios de la representación del dolor

world press photo lima: nuevos espacios de la representación del dolor

Aunque la presencia del World Press Photo no es una constante anual en Lima, la última semana de junio se inauguró la muestra fotográfica más relevante y representativa del fotoperiodismo y foto documental a nivel mundial. Gracias a la Embajada de Holanda y el Centro de la Imagen, las fotografías ganadoras del certamen 2017 se han podido ver en Lima (en la Sala de Arte Moderno de Larcomar) como parte de la exhibición que recorre 45 países. Pero vayamos por partes.

¿Sala de arte moderno? Reparemos un segundo y pensemos: marchas civiles, enfrentamientos sociales, conflictos armados, fotografía de guerra, ciudades bombardeadas, terrorismo, refugiados, hambruna, naturaleza depredada, etc., todo ello ¿en una “sala de arte moderno”? ¿Es posible que las desgracias mundiales ahora se codeen con los Szyszlos y los Barrientos? Si bien mi intención no es cuestionar la exhibición, reconozco que llama mi atención cómo de un tiempo acá el trabajo periodístico y documental ha dado un salto tan enorme que dichos esfuerzos por lograr la información más representativa del dolor del acontecer y el actuar del ser humano ya no se limita a las páginas policiales o a la prensa virtual, sino que ahora son reconocidos (y no necesariamente con considerables retribuciones económicas por parte de los propios medios de prensa) por un jurado especializado en la materia que -empáticamente- entiende y revalora con premios económicos y exhibiciones internacionales la impresionante labor de hombres y mujeres que viven de informar teniendo el ojo pegado al visor de la cámara en situaciones extremas.

Reflexionar sobre los espacios donde se exhiben dichas imágenes no supone polemizar; más bien, tiene que ver con un reconocer que zonas geográficas, lugares y arquitecturas donde se plasman y montan tales imágenes también contribuyen con nuestra configuración y visión de cultura. Mirar, percibir e interpretar las imágenes que nos trajo el World Press Photo en una galería fotográfica o, para el caso, en la Sala de Arte Moderno de Larcomar, sin duda no pasa por ser un acto meramente individual y mecánico. Ser parte de, supone un ritual colectivo de variadas interpretaciones respecto a representaciones visuales que, incluso, llegando a ser viscerales, contribuyen con definir contextos culturales basados en prácticas sociales conjuntas.

Pensar en el World Press Photo no puede limitarse únicamente a lo visual. Pensemos y reflexionemos tanto en lo registrado a nivel fotográfico como en el contexto representacional del montaje y espacio utilizado; pues en el afán de una meta-interpretación, antropológicamente hablando, entendamos la práctica visual no solo como el abordaje a unas fotografías duras e impactantes, sino extendamos la mirada de lo observable en general. Vivimos en un mundo globalizado en el que a diario se consumen imágenes y son las galerías de arte las que mutan para colmarse de muestras fotográficas con la finalidad de no solo revalorar el extenuante trabajo del comunicador, sino como nuevo escenario en el que por una o dos horas las personas hacemos una pausa que conlleva una reflexión que contribuya a la evolución de la organización y conciencia humana.

Por último, entre todas las valoraciones que puede hacerse del World Press Photo, creo que además de catapultar la fotografía documental como documento informativo y evidencia testimonial, ha sido también un reconocimiento a la entrega y al compromiso que todo profesional de la información posee. Suficiente para reivindicar la importancia de la organización holandesa y su trabajo de difusión.

*Este post es un testimonio de Guillermo Torres Campos, docente de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

 

 

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