El presente post es colaboración de Michael Garnett, docente de la Facultad de Comunicaciones de UPN , sede Cajamarca.
La historia del graffiti es larga y existe todo un estudio sobre ellos que revela que hay estilos y movimientos variados, como Aerosol, Tags y Throw-ups. Hay evidencia de los grabados y pinturas en las paredes de las ciudades antiguas: por ejemplo, en el Palatino de Roma hay un graffiti del siglo III que mofa la fe cristiana, mostrando a Cristo como un asno crucificado; mientras en el Coliseo hay dibujos pornográficos realizados por los espectadores. Parece que el ser humano tiene una errónea manera de dejar constancia de su paso por este mundo, por ello, encontramos monumentos de frases garabateadas, vandálicamente, sobre los jeroglíficos egipcios y las pinturas rupestres cajamarquinas.

Ahora, al pasar por las grandes pinturas que, recientemente, han aparecido en la pared externa del exhospital regional en la calle Urrelo, sentí la necesidad de reflexionar de nuevo sobre el graffiti. Digo “reflexionar de nuevo” porque hace un par de años escribí para otra revista un artículo en que lamenté la contaminación visual que muchas paredes en la ciudad ofrecen. Vemos múltiples expresiones de amor entre los fulanos y las menganas que, me imagino, no interesan a nadie más que a los enamorados mencionados.
Tenemos que aguantar los nombres escritos en letras exageradas de los políticos que nos ofrecen el oro y el moro de bienestar, seguridad, honestidad y orden, cada vez que haya elecciones, y luego se quedan desfigurando las paredes por un tiempo infinito. Hay slogans, anuncios de protestas y paros, órganos genitales, y garabatos que parecen ser inspirados bajo la influencia de drogas.
Unos esfuerzos, como en la pared del Asilo de Ancianos en la avenida Hoyos Rubio, para colocar unos cuadros costumbristas y paisajistas son loables, pero han sufrido desfiguración a manos de vándalos, mientras en una parte de la misma pared, hay una invocación de quemar la ciudad. Para mí, todo esto cae bajo lo que llamo “Graffiti No”.

Pero, lo que se ve en la calle Urrelo, ya no es un graffiti que contaminan, sino más bien pertenece al estilo “Street Art”. De este género del arte, hay excelentes ejemplos en muchas de las grandes ciudades del mundo. Es un arte que alegra con su uso de colores y formas, iluminando calles y armonizando edificios, que llevan un mensaje social o que provoca reflexión. Aquí siento que se debe decir “Graffiti Sí”.
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