
El turismo es una actividad cuyo protagonista es el hombre y cada quien tiene un modo de entenderlo. Por esa razón, una sola definición se torna dificultosa.
La definición sería sencilla si fuera la opinión de cada quien, pero lograr una que satisfaga diferentes puntos de vista es imposible. En una oportunidad le pregunté a un joven alumno cómo definiría el turismo y me respondió: «el turismo es una manera de pasarla bien». Un taxista me definió el turismo diciendo: «turismo es que vengan muchos extranjeros para que usen mi carro y gasten dólares en Trujillo».
El doctor José Ignacio Arrillaga, en su libro Ensayos sobre turismo, lo define como “todo desplazamiento voluntario y temporal determinado por causas ajenas al lucro. Es el conjunto de bienes, servicios y organización que en cada nación determinan y hacen posibles esos desplazamientos y las relaciones y hechos que entre éstos y los viajeros tienen lugar». Asigna Arillaga un carácter dinámico al turismo cuando dice «es todo desplazamiento», y participa de la tesis suiza de que el viajero con fines de lucro no es turista.
Su Santidad Juan Pablo II, en el Congreso Mundial sobre la Pastoral del Turismo, expresó: «el turismo es una realidad compleja sometida a numerosas fuerzas e influencias económicas o de otro tipo, difíciles de captar en su totalidad».
Me atrevo a describir el turismo como la tendencia natural del ser humano a cambiar de sitio para beneficiarse de las bondades de los lugares visitados, distintos de donde habitualmente vive, para descansar en un ambiente agradable y recrearse. Pero, ¿por qué el hombre quiere cambiar de ambiente? El director de una investigación de mercadeo sostuvo que «la mayor razón para viajar se puede resumir en una palabra: escapar». Escapar de la aburrida rutina diaria, de lo común, de lo ordinario, del trabajo, del jefe, de los clientes, de la casa, de los caños que gotean.
También se podría definir el turismo como el fenómeno socio-económico que influye de gran manera en el crecimiento cultural y riqueza de los pueblos, o como el movimiento de seres humanos para intercambiar conocimientos, cultura, aventuras, credos, idiomas, etc.
Nuestra nueva Ley de Turismo define el turismo de la siguiente manera: “Actividad que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual, por un periodo de tiempo consecutivo inferior a un año, con fines de ocio, por negocio, no relacionados con el ejercicio de una actividad remunerativa en el lugar visitado”. Mientras que turista es: “Cualquier persona que viaja a un lugar diferente al de su residencia habitual, que se queda por lo menos una noche en el lugar que visita, aunque no tenga que pagar por alojamiento, y cuyo principal motivo de viaje es el ocio u ocupación del tiempo libre, negocios, peregrinaciones, salud u otra, diferente a una actividad remunerada en el lugar de destino”. Estas son, oficialmente, las definiciones que debemos manejar.
*Este post es una colaboración de Iván La Riva Vegazzo, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.
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