Nuestro objetivo era encuestar a los pobladores de Chapolán (Cascas) como parte del proyecto de investigación de nuestro compañero Pedro, además de visitar un nuevo lugar: interés de estudiantes de turismo. Pedro Paredes, Haruo Julca y yo, soñolientos pero entusiasmados, subimos al bus. Durante el viaje observamos la naturaleza, algunas casas solitarias y un poco de neblina que nos provoca cierta inquietud. Al promediar las 10:30 de la mañana hacemos una parada en Cascas, donde aprovechamos para comprar fruta, bebidas y alimentos que nos sirvan para nuestra estadía.

Una hora después llegamos al desvío de Cachil, desde donde comienza el descenso por caminos agrestes, debido a la abundancia de vegetación que envuelve a los estrechos senderos.
Pasados unos 20 minutos llegamos a Chapolán. La primera casa que avistamos pertenece a una familia que nos recibe muy amablemente: Don Facundo Plasencia y su esposa, la señora Beatriz Calvanapón.
Dejamos las mochilas y ya estábamos listos para visitar y encuestar a las familias de Chapolán. Fuimos en busca de ellas mientras comíamos algunas galletas y caramelitos de limón para llenarnos de energía y evitar que la altura nos afecte (estas golosinas luego se convertirían en nuestro almuerzo). Al promediar las 2:30 de la tarde llegamos a una humilde casa, donde una señora muy amable y su pequeña hija nos recibieron… y para suerte nuestra una lluvia fuerte pero de poca duración nos obligó a quedarnos en su morada.
Pasada la lluvia nos despedimos y retornamos a lo nuestro con la ayuda de un sistema de comunicación utilizado en esta zona -consistente en gritar fuerte y dejar que el viento y la naturaleza ayuden a que el mensaje se escuche a lo lejos. Así lo hicimos y nos acercábamos otra vez a Chapolán, donde pudimos encuestar a otros pobladores que confirmaron lo que sospechábamos: después de la lluvia, sin saber, habíamos estado en un pueblito llamado Palo Blanco, fuera de nuestra ruta. Mientras realizábamos las encuestas, comprobamos que esta época del año no es la mejor para visitar este lindo pueblo, pero aun así decidimos continuar.
Una familia nos dejó una lección muy importante, ya que uno de sus integrantes, a pesar de no tener secundaria (la mayoría de pobladores solo tiene primaria) nos explicó la importancia que tiene para él la conservación del medio ambiente a través del reciclaje y métodos de cultivo orgánico y lo bueno que puede resultar brindar hospedaje, servicio de alimentación y guiado por esa zona a turistas nacionales o extranjeros que esperan encontrar los mejores servicios posibles.
Volvimos a la casa de don Facundo Plasencia, donde nos esperaban con una sopa caliente. Pasadas las horas nos quedamos conversando con don Facundo y algunos amigos pobladores que llegaron a su casa, ya que él es muy respetado y querido. Por la noche, armada nuestra carpa bajo un techo de calaminas, nos dispusimos a dormir y reponer las energías suficientes para el segundo día de actividades, el final.
A la mañana siguiente don Facundo muy cálidamente nos llamó para desayunar una sopita caliente con jugo surtido, galletas y camotes. Satisfechos con el desayuno, una vez más partimos hacia las casas que nos faltaban encuestar. Durante el camino, pudimos observar vegetación como la flor de Chapolán, choclos, yacón, ajíes, berenjenas y algunas legumbres.
Logramos encuestar al profesor del segundo colegio y luego seguimos caminando por rutas difíciles. En una pausa, aproveché para refrescarme del calor y cansancio con un poco de agua que pasaba por un pequeño canal del riachuelo que proviene del bosque de Cachil. Cabe resaltar que esta agua es de gran importancia para los pobladores ya que es un recurso utilizado para el día a día, en actividades de cocina y lavado de servicio.
Terminamos el trabajo en la casa de una joven señora que nos recibió con sus dos pequeños hijos. Mientras Pedro hacía lo suyo, observábamos la tranquilidad de la naturaleza avistando perritos, pollos, gallinas, gallos y pavos que se desplazaban con seguridad cerca de nosotros.
Retornamos al hogar de don Facundo Plasencia, quien con su esposa y pequeño nieto nos ofrecieron un rico plato de arroz con frejoles, atún y gaseosas que estaban heladas gracias al frío. Con nuestros estómagos y corazones contentos, empezamos a empacar nuestras carpas y demás implementos de viaje. Al mediodía nos despedimos de la memorable familia de don Facundo, doña Beatriz y su nieto Juancito.
Al salir de Chapolán decidimos hacer una incursión en el bosque de Cachil, y de manera rápida pudimos avistar una variada flora en la que despuntaba el lanche, la liana, el cedro, el árbol de la trinidad, el árbol con “rostro de Cristo” y el árbol erótico, especies representativas de este bosque de neblina.
Sin duda, fue un viaje que nos mostró a pobladores de una zona de condiciones geográficas y sanitarias difíciles, pero donde también se goza de la tranquilidad y belleza de la naturaleza, de la amabilidad y sencillez de su gente. Un viaje que resultó corto, pero que nos dejó la felicidad de haber cumplido con nuestros objetivos. Vale la pena ir a Chapolán.
*Este post es una colaboración de Carlos Barrios Cabrejos, estudiante de la carrera de Administración y Servicios Turísticos de la Universidad Privada del Norte.
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