El agro es la principal actividad económica en las zonas de influencia minera y en nuestro país convive el agro del siglo XX con la minería formal del siglo XXI. Un país con tanta necesidad de recursos económicos para financiar su desarrollo debe aprovechar sus ingentes yacimientos mineros, pero con plena responsabilidad social y ambiental. Es necesario buscar la convergencia entre la minería y el agro, de tal manera que se difundan las buenas prácticas, que se dialogue sin prejuicios, que se reduzcan los conflictos sociales y se promueva el desarrollo rural.

Es posible planificar entre estos sectores actividades para habilitar y mejorar infraestructura de riego, brindar asistencia técnica, desarrollar actividades productivas rentables, instalar centros de acopio y agroindustrias, además de brindar parte de la producción a la misma minera con los requisitos indispensables de calidad bajo la perspectiva del desarrollo territorial, que es una herramienta planteada por el Estado. Existe ahora tecnología para hacer minería responsable, incluyendo el uso cada vez menor de agua por cada tonelada de mineral tratado. De ahí que el agro deba sustituir el tradicional e ineficiente riego por gravedad por sistemas de riego tecnificado. Y para esto puede contar con el apoyo de la minería.
La minería utiliza solo el 2% de agua dulce disponible, frente al 80% que demanda el agro. Para repotenciar el desarrollo sostenible de los entornos rurales donde operan las compañías mineras se debe considerar los principales desafíos del agro: falta de organización y tecnología, déficit de crédito y creciente escasez de mano de obra, factores agravados por las irregularidades climáticas, las plagas y las enfermedades. Frente a esta situación, los requerimientos de la mayor parte de zonas donde se desenvuelven los proyectos mineros rebasan largamente la capacidad económica del Estado.
Para superar esta limitación es necesario idear esquemas creativos y eficaces con las compañías mineras y otras, cubriendo sinérgicamente tales requerimientos. Entre las alternativas tenemos la ley de Obras por Impuestos, los recursos del Canon Minero y las últimas modificaciones del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), herramientas que facilitan esta interacción. También es interesante la idea de poner fondos recuperables para brindar créditos promocionales en los entornos mineros, puesto que el agro peruano podría sustituir con producción propia las crecientes importaciones.
Existen casos en Canadá y Nueva Zelanda que prueban que puede existir armonía entre estos sectores. En el Perú tenemos la experiencia de Minera Buenaventura, de Xstrata-Tintaya en Espinar, Cusco, de Cerro Verde en Arequipa, de Antamina en Ancash, de Southern Perú en Tacna y Moquegua, etc. El agro y la minería en conjunto superan el 18% del PBI. El ingeniero Rómulo Mucho, especialista en estos temas, menciona que el agro es determinante para alimentar al país y la minería para generar ingresos en pro del financiamiento para el desarrollo. Solo mediante información, educación y diálogo oportuno nuestra población comprenderá que la explotación limpia de nuestros recursos mineros es factor clave para obtener el financiamiento que requiere el desarrollo de nuestro país.
*Este post es una colaboración de Omar Gonzales, coordinador de la carrera de Ingeniería de Minas de la Universidad Privada del Norte.
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