El presente post es colaboración de nuestro docente de Ingeniería Ambiental Omar Colán Garay:
“Cuando yo le digo…ven a mi perro,……él viene” fue la respuesta que le dió un compañero de estudios de la universidad al profesor en una clase de Investigación Científica, lo cual generó la risa generalizada del salón, durante el debate que se desarrolló en aquella clase, allá por el año 1998. La pregunta que el profesor había planteado en clase fue ¿Cuándo los perros hacen caso, es porque estos son inteligentes o actúan por instinto? o ¿Actúan por conductas aprendidas simples? Recuerdo que aquella clase, trató sobre la capacidad de resolver problemas y su relación con los tipos de razonamiento que teníamos los seres humanos, lo cual nos permitía inferir que éramos inteligentes a diferentes niveles, pero lo que más recuerdo de aquella clase fue que el profesor, defendía la tesis que, los animales (llámese perros, gatos, loros, etc) con los que nosotros nos relacionamos, no presentan actos de inteligencia, sino más bien conductas aprendidas o actos desarrollados por instinto, “ Cuando tu llamas a tu perro….el va hacía donde tú estás.…pero eso no hace al perro inteligente….sino que tiene una conducta aprendida” le respondió el profesor a mi compañero, en buena cuenta indicó “ si no son capaces de resolver un problema, no podríamos aseverar científicamente que los animales son inteligentes”

Recuerdo aquella clase vivamente y lo debatido sobre la inteligencia en los seres vivos y las conductas aprendidas me quedó grabado como una cuestión de fe, tanto así que en algún debate con amigos o la familia, defendía firmemente, mi argumento sobre que los animales no son inteligentes, sino que más bien actuaban por instinto o conductas aprendidas, logrando convencerlos sólo en algunos casos, no pudiendo evitar que otros me dijeran que pese a mis argumentos, ellos consideraban que sus mascotas o animales si eran inteligentes.
Han pasado casi trece años desde aquella clase y por esas cosas de la vida me llegó referencia de un libro con un título que llamó mi atención, “Inteligencia en la naturaleza” (Jeremy Narby, EE.UU, 2009), busqué el libro y al comenzar a leerlo fui descubriendo que lo que mi profesor me había enseñado y lo que era aceptado por los científicos durante mucho tiempo, estaba siendo derrumbado por nuevas investigaciones, pues muchas de estas, demuestran que casi todos los seres vivos toman decisiones inteligentes, incluyendo las plantas, los invertebrados (pulpos, hormigas, abejas, esponjas marinas, etc) y hasta algunos microorganismos.
El antropólogo Narby nos lleva en un viaje, por diferentes laboratorios de las principales centros de investigación del mundo, donde los científicos están realizando descubrimientos que nos hacen reflexionar, sobre los que antes considerábamos sólo seres vivos sin otra función más que la de alimentarse y dejar descendencia, para mostrarnos que en alguna medida los seres vivos se enfrentan a situaciones, que les obligan a tomar decisiones inteligentes, que nos obligan a redefinir el concepto de inteligencia.

En una visita a la Reserva de Biósfera del Manu (Perú), el autor nos presenta una entrevista con el Dr. Charlie Munn, quién tiene veinticinco años estudiando a los guacamayos y ha develado el porqué los guacamayos consumen como primer alimento del día pequeñas cantidades de arcilla, y no cualquier arcilla, sino una que tiene niveles ideales de esmeticta, caolín y mica, una vez consumida esta arcilla, los guacamayos recién comienzan su alimentación de semillas y plantas de diferentes variedades, muchas de ella con elevados niveles de alcaloides o taninos (tóxicas), pero por haber consumido previamente la arcilla, su sistema digestivo está protegido, ya que las arcillas eliminan los niveles de toxicidad de sus alimentos, permitiéndoles su supervivencia, los investigadores descubrieron que si la arcilla no tiene los componentes ideales que aseguren su alimentación, los guacamayos no la consumen, una decisión inteligente ante un problema de la vida real.

Otra entrevista importante presentada en el libro fue con el Dr. Martín Giurfa del Laboratorio de Etología y cognición animal, de la Universidad de Toulouse (Francia), este investigador está estudiando el comportamiento de las abejas y ha demostrado que estos insectos vienen al mundo con una información instintiva asociada a determinados colores, que se relacionan con los colores de las flores con mayor cantidad de polen, pero esta información no es rígida, sino que en un entorno contralado, las abejas pueden aprender a relacionar colores nuevos o formas abstractas con la presencia de polen, generándose una nueva información que deja de lado la información instintiva, mostrando la plasticidad de su aprendizaje.
También encontramos la entrevista al Dr. Anthony Trewavas, del Instituto de Biología Celular y Molecular, de la Universidad de Edimburgo (Escocia), quién desarrolla investigaciones con plantas y su capacidad de tomar decisiones y de estimar y calcular aspectos complejos de su entorno. Entre los últimos descubrimientos, su equipo logró demostrar que, por ejemplo, ante un golpe suave en las hojas, la planta responde en milésimas de segundo, elevando los niveles de calcio en las células, si este golpe continuara la planta, modificará su crecimiento haciéndolo más lento y volviendo más gruesas sus hojas.
Pero quizás la investigación más importante presentada, es el trabajo del biólogo japonés Toshiyuki Nakagaki, de la Universidad de Hokkaido (Japón), quién trabajo con el hongo mucoso unicelular Physarum polycephalum , el experimento consistió en colocar varios pedazos separados del hongo, dentro de un laberinto, en este caso los organismos se expanden y forman una sola célula que llena todo el espacio del laberinto, pero cuando se coloca alimento al inicio y al final del mismo, el hongo mucoso se retira de los corredores que no tienen salidas, encoge su cuerpo y adopta la forma de un tubo que se extiende por la vía más corta entre las fuentes de alimento. Un punto de vista común es que la inteligencia requiere de un cerebro. Y los cerebros están hechos de células. Pero es este caso, una única célula se comporta como si tuviera cerebro.
Estos descubrimientos nos muestran que los seres vivos son capaces de evaluar situaciones diversas ante los problemas y tomar la mejor decisión según sus necesidades, por eso es que muchos de los investigadores entrevistados, responden que es necesario reevaluar la definición de inteligencia, ya no tomándola desde un punto de vista antropológico, sino desde una visión más holística, en este punto, Narby nos recuerda la definición del filósofo y psicólogo neozelandés David Stenhouse (1974) quién describió la inteligencia como “el comportamiento variable adaptable en la vida de un individuo”. Esta definición puede aplicar a organismos distintos e indica que la inteligencia es un comportamiento no instintivo que maximiza la buena condición de un individuo y se puede presentar desde los niveles más elementales de la vida, llegando hasta nosotros los seres humanos.
La humanidad puede aprender de la naturaleza, esto requiere a que se rompan mitos y se acostumbre a mirar a los seres vivos como sus hermanos y a la tierra como su hogar. Aún seguimos siendo una especie joven y recién estamos empezando a comprender muchas cosas.
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