La reproducción del presente artículo se inscribe en el marco del convenio firmado entre UPN y Sentido con el fin de capacitar a nuestra comunidad universitaria en la identificación de señales de alerta en personas que podrían cometer suicidio.
El trabajo en prevención del suicidio tiene distintas áreas. Una de ellas, quizás la más importante a nivel social, es la de educar. En este sentido, existen mitos (falsedades, prejuicios) acerca del suicidio que deben corregirse.
Erradicar estos mitos es una ayuda muy importante en el proceso de terapia que un paciente pueda seguir, así como también información relevante para sobrevivientes y personas en general.
Falso: la inseguridad ante el acto suicida se da incluso segundos antes de la muerte. La seguridad absoluta no existe.
Falso: aun cuando la depresión tiene una fuerte asociación con futuros intentos de suicidio, no todos los suicidas están deprimidos o “se matan por estar tristes”. Los suicidios son multicausales.
Falso: lo que realmente importa no es el hecho de “querer llamar la atención o no”. Incluso si esto es cierto, la persona está sufriendo y el riesgo persiste. Más aún, las “llamadas de atención” son comunicaciones suicidas que deben considerarse con mucha atención y respeto. Es mejor que esta comunicación se dé y se pueda apoyar, a que la persona calle y se suicide en silencio en su habitación.
Falso: debemos hablar y preguntar. Esto no “hará que la persona se mate”, los seres humanos no somos entes pasivos que ejecutamos las reglas o ideas de los demás. El suicidio es una decisión personal. Si no se pregunta, no se sabrá si la persona lo piensa o no; entonces, ¿cómo ayudamos?
Falso: Muchas veces la ayuda debe comenzar por alguna persona cercana que brinde el apoyo y la motivación, para luego acceder a tratamiento profesional.
Falso: El suicidio es la decisión voluntaria de acabar con la propia vida, no una expresión de cobardía. No obstante, esta idea es realmente irrelevante: cobarde o no, se debe ofrecer ayuda a una persona en riesgo.
*Este post es de autoría de Álvaro Valdivia, fundador y director general de Sentido, Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio.
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