De la mano del crecimiento económico y de nuevas formas de consumo, el uso de tarjetas de crédito y débito se ha multiplicado en el Perú. Pero si bien el dinero plástico supone una forma práctica y segura de realizar compras, existe –en el caso de las primeras- el riesgo de incurrir en consumos excesivos que pueden volverse impagables, además de cargos, costos y penalidades que elevan significativamente la deuda.
En relación a lo último, en abril pasado entró en vigencia el nuevo Reglamento de Tarjetas de Crédito y Tarjetas de Débito, en el que se introducen cambios que protegen a los usuarios y que contempla exigencias como una mayor claridad en la comunicación con el cliente potencial y rapidez en la atención de eventuales reclamos. También se especifican las obligaciones y responsabilidades para las empresas autorizadas en expedir y administrar tarjetas, dentro de las cuales se estipula, por ejemplo, que los bancos están ahora obligados a incluir en sus contratos una cláusula por la cual deberán contar con la autorización de sus clientes antes de incrementar una línea de crédito. Del mismo modo, los bancos deberán informar con cinco días de anticipación la fecha de pago por los consumos realizados con tarjeta de crédito y tendrán que evitar fraudes a través de los cajeros automáticos.
Con este reglamento, en definitiva, los usuarios estarán informados oportuna y adecuadamente sobre sus derechos y obligaciones cuando utilicen una tarjeta de crédito o débito. Además el contrato a suscribirse entre el cliente y la empresa autorizada es más claro es el fondo (artículos que protegen al cliente) y en la forma (mayor tamaño y tipo de letra que facilitan su lectura).
El uso de tarjetas seguirá incrementándose a futuro. Hasta hace diez años su uso estaba limitado a sectores socio económicos de ingresos altos, pero hoy el crédito se ha democratizado y las personas utilizan tarjetas de débito como una forma de evitar portar efectivo. Actualmente existen cerca de 10 millones de tarjetas de crédito y otra cantidad similar de tarjetas de débito. Estos números se elevarán en la medida en que nuestra economía siga desarrollándose, incrementándose el empleo y creciendo la bancarización (uso de instituciones bancarias en nuestras transacciones comerciales).
Finalmente, respecto a la banca móvil podemos decir que en el Perú su uso es aún incipiente. Los bancos están incentivando su uso, lo cual se reflejará en agencias y oficinas menos congestionadas, pero todavía se requiere de mayor información y capacitación al cliente, y con ello una mejora en las medidas de seguridad y protección. Podemos considerar que la banca móvil constituye una herramienta de inclusión financiera en tanto permite que más usuarios puedan acceder a la banca independientemente del lugar en que se encuentren (el hogar, el centro de labores o un local comercial), el canal utilizado (Internet, teléfono, cajero o terminal de punto de venta), y la hora (acceso las 24 horas del día los 365 días del año).
*Este post es una colaboración de Augusto Cáceres Rosell, decano de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.
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