La enseñanza de las matemáticas: una pasión constante

La mayoría de docentes que enseñan matemáticas a nivel superior ha tenido una formación en ciencia básica, lo que demuestra un alto conocimiento en esta disciplina y predisposición para la investigación; sin embargo, cuando se enfrentan a las metodologías de enseñanza-aprendizaje presentan ciertas debilidades que reducen la posibilidad de ser buenos educadores.

Un análisis elemental al respecto nos permite afirmar que esto se genera por la falta de inversión y desinterés de parte del estado y del sector empresarial en el tema de investigación, lo cual lleva a muchos de estos profesionales a enrolarse en las filas de la educación. Ante esta realidad nos hacemos la siguiente pregunta: ¿qué requisitos indispensables deben desarrollar o tener estos educadores y formadores de los futuros ingenieros, arquitectos, entre otros?

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De acuerdo a mi experiencia, considero que la pasión por lo que hacemos nos hace excepcionales. Bajo este enfoque, el docente debe ser un apasionado de la enseñanza y debe verse a sí mismo como un modelo integral para sus estudiantes. Si bien, no toda persona que se encuentra en el ejercicio de la docencia nace con tal apasionamiento ni con las competencias requeridas para el ejercicio de tan digna labor, es posible mejorar con capacitación constante y predisposición.

Tomemos en cuenta que, en la actualidad, a los estudiantes no sólo se les transmite conductas y conocimiento; también se les transmite emociones, y los podemos guiar a amar a las matemáticas, siempre que tengan al frente a un amante apasionado por las mismas.

La siguiente interrogante sería ¿de qué manera desarrollo este apasionamiento y valoración por las matemáticas? Mostrando que las matemáticas son herramientas útiles, que nos permiten dar solución a múltiples problemas a nivel mundial, vinculadas a la salud, distribución, energía, conservación del agua y, en la industria moderna, a la calidad, competitividad y automatización. Al despertar el interés en el alumno, se logran aprendizajes significativos. La misión del docente debe ser, entonces, lograr concordancia entre el objetivo del aprendizaje y la motivación por aprender.

En las palabras de Josefina Cribilleros, catedrática de la Universidad Autónoma de Coahuila, el docente debe “despertar el interés y la atención de los estudiantes por los valores contenidos en el objeto de estudio, excitando el interés de aprender, el gusto de estudiar y la satisfacción de cumplir las tareas que exige”.

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Esto quiere decir que además de motivar intrínsecamente a sus estudiantes, el docente tiene el reto de diseñar actividades de aprendizaje coherentes con los objetivos del curso; ser guía y facilitador de la construcción de conocimientos de sus estudiantes, buscando aprendizajes significativos; y ser moderador de discusiones grupales que enriquezcan el pensamiento crítico y la toma de decisiones.

En conclusión, el docente debe amar su labor y realizar actividades de planificación continua, buscando el logro de los objetivos con acciones que demuestren al estudiante la gran utilidad de lo aprendido. Eso es lo que buscamos en la Universidad Privada del Norte: impartir conocimiento y compartir la pasión por las materias.

*Este post es una colaboración de Sonia Huertas, docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Privada del Norte.

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