Costo y consecuencias del insufrible tráfico limeño

Una crónica sobre el complicado tráfico de la capital, sus nocivos efectos y lo que se podría hacer para descongestionarlo.

Costo y consecuencias del insufrible tráfico limeño

El tráfico vehicular en Lima es y seguirá siendo un problema constante sin fecha de caducidad. Hace unas semanas me dirigía a San Borja desde San Miguel y el traslado se convirtió en una odisea.

A las 6:10 p.m. abordé el taxi, que en teoría llegaría a mi destino a las 7:30 p.m. según aplicativo. Sin embargo, llegué pasadas las 8:30 p.m. Durante todo ese lapso me estresé, me dolía el estómago, la cabeza, todo. Imagino que muchos han pasado por experiencias similares y no queda más que respirar hondo y relajarse o al menos tratar de hacerlo y muchas veces sostener conversaciones largas con los choferes que nos trasladan.

Javier Prado, Abancay, Panamericana Norte y otras avenidas resultan interminables todos los días, pero sobre todo en horas pico. Pasar tanto tiempo atrapados en el tráfico genera malestar emocional y físico en quienes nos vemos obligados a transportarnos de diferentes maneras para llegar a nuestros centros de trabajo o estudio.

Pero este problema es el resultado de otros que tenemos como sociedad: la falta de educación vial de transportistas, conductores y peatones es un ejemplo. Y bien, hay un sistema de transporte y normas que regulan el tránsito, pero que terminan siendo casi siempre un saludo a la bandera.

¿Para que existen pistas prohibidas para vehículos pesados o vías donde buses y vehículos privados tienen cada uno un lugar por donde ir si esto no se cumple y las sanciones no son lo suficientemente severas? Un caso aparte son los colectivos informales, que generan congestión por todos lados a vista y paciencia de las autoridades.

Y ya que hablamos de autoridades, notamos la falta de sentido común cuando realizan obras en las carreteras hacia el sur durante el verano, o cuando rompen pistas por todos lados como parte de su campaña electoral o de proyectos que demoran más de lo que debieran pero que se ven forzados a ejecutar con premura y no con mucha transparencia.

Un tema pendiente es la señalización de las calles. En ese sentido, ningún otro intento por mejorar el tránsito funcionará si no se cambian también estos puntos.

Resulta necesario evaluar si se cambian los horarios de ingreso y de salida en los colegios y centros de trabajo de tal forma que no se crucen, o en su defecto de las instituciones privadas con las públicas. Se podría mejorar el tránsito y con ello beneficiarnos todos.

Erradicar las combis y custers reduciría la tasa de mortandad a causa de accidentes de tránsito. En su lugar, buses a través de corredores o medios como metros o trenes aparte de brindar mayor seguridad facilitarían el traslado de los usuarios.

Hay que reconocer que la aprobación de la ley 30936, que promueve y regula el uso de la bicicleta como medio de transporte sostenible, demuestra que las autoridades ya hicieron algo a favor del cambio y los resultados los veremos a largo plazo.

Hagamos incidencia para que se aprueben más leyes como la de la bicicleta, que premia con beneficios laborales a los trabajadores que decidan ir en este medio de transporte hasta su centro de trabajo y es una apuesta significativa y responsable por el cuidado del medio ambiente.

Cada vez circulan más vehículos de movilidad urbana como patinetas, monopatines y monociclos que permiten el desplazamiento de una persona. Con una buena regulación se convierten en medios alternativos de transporte. ¿Los peruanos estaremos dispuestos a ser partícipes de este cambio? Ojalá lo recordemos mientras estemos atrapados en el tráfico infernal limeño y lo evaluemos. Por nuestra salud física y mental.

*Este post es una colaboración de Karem Suárez Castillo, estudiante de la carrera de Periodismo de la Universidad Privada del Norte.

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