Miss Perú 2018: una iniciativa divergente contra la violencia

miss perú 2018: una iniciativa divergente contra la violencia

Hace poco, en el certamen Miss Perú 2018, la producción del evento decidió dedicar el mismo a exhibir las cifras de la terrible violencia que en el Perú sufrimos las mujeres todos los días. Debo confesar que no vi dicho programa, ya que considero que más que valorar a la mujer se le sigue exhibiendo; sin embargo, al día siguiente pude leer en medios y ver en diferentes videos los mensajes que contextualizaron este evento.

Del mismo modo pude encontrar los diversos comentarios que se generaron a partir de este hecho. Mi primera reacción fue de estupor, sorpresa y pena. Los comentarios que leí hablaban de que la producción se aprovechó del tema por el rating, que se lucraba con él y muchos desconocían la importancia de los mensajes al señalar que las mujeres se exponen a la violencia, la incitan y cosas por el estilo.

Es cierto que tratar este tema en un programa que premia principalmente el que una mujer forme parte de un “estilo particular” de belleza es contradictorio, pero no he visto hasta el momento un programa con el mismo mensaje en los mismos términos, sin que sea información que se usa para violentar doblemente a las víctimas con recreaciones fuera de lugar o con seudo entrevistas periodísticas.

Más allá de las motivaciones de la producción del evento, que es principalmente de entretenimiento, este programa habló de la violencia contra la mujer en el Perú en televisión abierta y en horario prime. ¿Qué hace la televisión abierta y los demás medios para tener este tema en el ojo público? Pues no mucho. Seguimos escuchando conductores de diversos medios burlarse, pensar en los derechos de las mujeres desde el lugar del hombre, atribuyendo a la mujer la categoría de objeto o simplemente olvidando tratar el tema. Las propuestas de horario familiar no tienen programas familiares, pero sí telenovelas que siguen manteniendo el patrón de desigualdad.

El Perú es un país violento, nadie puede negar eso. Todos los días no sólo mujeres sino también hombres sufren algún tipo de violencia, por lo que cuando hay que pedir igualdad y respeto debe tratarse la problemática sin distinción de género ni condición. Sin embargo, las mujeres, tanto como los niños, adultos mayores y otros grupos son en nuestra sociedad violentados desde la perspectiva de pertenecer a un grupo que es “menos” valorado o con menos derechos.

Y la violencia no es sólo física. Pensemos en nuestras escuelas cuando se le exige más a un hombre que a una mujer o cuando son las profesoras quienes hacen los eventos y los profesores quienes realizan las evaluaciones. Cuando a una niña se le pide usar falda en el uniforme y a un niño pantalón. Cuando al estar frente a un bebé si es niño decimos que se le ve fuerte y si es niña que es bonita. Cuando en una oficina hay secretarias y no secretarios, cuando a una ejecutiva se le pide que siempre lleve el acta de reuniones o que organice una reunión. Cuando en una mina no se permite que entre una mujer porque la “sala”. Cuando en un programa de televisión las “modelos” solo se mueven como parte del decorado. Cuando lo más gracioso en un programa cómico es golpear al que tiene “menos poder” o robarle un beso a la modelo o a la actriz cómica. Cuando una mujer tiene éxito y se piensa que es a costa de favores y no de su preparación. Cuando a una mujer que tiene hijos y estudia se le pregunta cómo hace con su familia. Tratar mal a quienes nos parecen menos está en nuestro ADN y no es problema sólo de los medios, es un comportamiento que hemos aprendido porque es lo único que hemos visto, lo único que hemos vivido.

La violencia en el Perú no va a parar porque se hagan hashtags, porque un programa busque hablar del tema, porque un conductor haga mea culpa. Va a parar cuando todos nos demos cuenta de que formamos parte del problema y que sólo si cada uno cambia, podremos cambiar a la sociedad.

El Perú que yo quiero no es el Perú en el que he vivido la mayor parte de mi vida; es el Perú del respeto, donde no importa si eres mujer, hombre, blanco, mestizo, negro, alto o bajo, sino persona.

Se necesitan leyes, se necesitan normas, pero más que nada se necesita el cambio en cada uno. Cómo es posible que una autoridad que vea un hecho de violencia no actúe para pararlo y sancionar al victimario y sólo se haga de la vista gorda. Esto es educación tanto del Estado como de la familia.

No es un tema que cambie de hoy para mañana. Estos cambios involucran a una generación entera. Pero debemos actuar hoy, mañana es tarde. Debemos empezar por tratarnos bien a nosotros y a los demás. Pensar en la persona, no en el género, pensar en su necesidad y no en nuestro beneficio, pensar en el hoy para cambiar el mañana. Yo me comprometo… ¿y usted?

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