Desafíos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP)

En octubre pasado nuestro país, junto a otros 11, concluyeron las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico, TPP por sus siglas en inglés. El texto del acuerdo, que aún no se conoce en su totalidad, posee 30 capítulos y busca ajustar las operaciones comerciales con nuevas reglas para la propiedad intelectual, el control del internet y la regulación del medio ambiente. Además el TPP extendería las patentes farmacéuticas para cierto tipo de medicamentos por 15 años o más. Los países que pertenecen a dicho acuerdo son: Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam.

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Varias preguntas surgen por sí solas: ¿Cuántas patentes en general se conceden en nuestro país por año, en comparación con Estados Unidos, Japón o el mismo México? La diferencia es abrumadoramente desventajosa para nosotros. ¿Cuántas de esas patentes son solicitadas por empresas peruanas? Sobre esto último, debemos señalar que hasta fines de 2015, del total de solicitudes de patentes a Indecopi menos del 20% eran solicitudes nacionales.

Un acuerdo como el que describimos nos obliga a generar la mayor innovación posible, a ser más incisivos en nuestra propuesta de negocio, a otorgar auténticas soluciones a problemas o necesidades del mercado, pero además de eso, a registrar nuestro “invento” en el sistema de patentes. El espíritu emprendedor y sobre todo innovador que forja negocios, debe apuntar también a incrementar la propiedad intelectual nacional. Se debe generar un espacio y condiciones para los nuevos pensamientos de diseño, y para realizar prototipos y escalarlos a nivel del sector de interés. Necesitamos nuevos negocios, pero también más y mejor inventiva con nuevas tecnologías locales con posibilidades de exportación, empresas, universidades, mentes innovadoras y Estado de la mano.

No vamos a discutir si el acuerdo es o no favorable para economías como la nuestra, que se caracteriza por sustentarse en la comercialización de sus materias primas con poca innovación y tecnología; de hecho, creemos que es bastante desfavorable. Para muestra debemos decir que al no tener una industria farmacéutica nacional que investigue y desarrolle nuevos productos y con pocas soluciones innovadoras para la salud, la ampliación de las patentes de productos de marca en años, hará que sea inviable comercializar los genéricos de dichos medicamentos a menor costo, por el monopolio comercial de los medicamentos de las grandes corporaciones.

El año pasado las filtraciones de WikiLeaks han revelado que el Perú también otorgará un plazo que no sea menor a tres años de ampliación de la exclusividad para el descubrimiento de nuevos usos clínicos o nuevas indicaciones; es decir, se podría incrementar el monopolio comercial en muchas moléculas, con clara desventaja para los usuarios de nuestro país que necesiten tratamientos especializados.

Pero ahora veamos qué oportunidades representa para nosotros el TPP. A propósito de la protección a patentes farmacéuticas, tenemos industrias que pueden desarrollarse en nuestro país más que en ningún lugar del mundo como lo es una industria de productos nutracéuticos, en donde los problemas de salud encuentren en estas nuevas alternativas, soluciones naturales y sobre todo económicas, con base en la abundante variedad y calidad de productos naturales con los que contamos.

Desarrollar esta actividad y una adecuada difusión a la población, mostrará a los potenciales usuarios otras posibilidades terapéuticas diferentes a la farmacéutica, evidentemente de la mano de una consejería profesional. Es decir, debemos ver este acuerdo como una oportunidad para dar el gran salto hacia el desarrollo tecnológico e industrial que el ciudadano de a pie aquí y en el mundo valorará.

No abundan las experiencias en innovación y desarrollo al respecto en nuestro país, sin embargo podríamos citar el caso de Laboratorios Hersil en el desarrollo, producción y comercialización de productos naturales, que en aproximadamente 50 años de presencia en el mercado nacional ha logrado, en los últimos tiempos sobre todo, colocar en forma innovadora y debidamente registrada una gran cantidad de nutracéuticos alineados con el desarrollo de la biotecnología moderna, no solo aquí, sino en otros países de América, Europa y Asia.

Necesitamos pues mil experiencias como la descrita para decir que no sería desventajoso firmar acuerdos con otras naciones que nos superan largamente en innovación, investigación y desarrollo. Podemos crear modelos de tratamiento para nuestras enfermedades a partir de nuestra riqueza en los bancos de germoplasma, y podremos ser líderes mundiales en la difusión de estos productos. Existen otros sectores de interés donde seguro podremos desarrollar tecnología propia a través de la innovación, que aumente la propiedad intelectual nacional: energía, agroindustria, electrónica, textilería, entre otros. Debemos saber que el TPP proveerá de amplios poderes a las grandes empresas de capitales extranjeros que podrán desafiar las regulaciones de gobiernos soberanos.

Desde el sector en que usted se encuentre tendrá que pensar que la innovación y el desarrollo lo harán libre de presiones comerciales o monopolios y además constituirá un rédito personal y para su organización. El Estado, la universidad y la sociedad civil deben prepararse para desarrollar sus nuevos modelos, hacer crecer nuestra propiedad intelectual e introducirnos en un correcto camino de industrialización con tecnología local para soluciones locales, y sobre todo mirando hacia el mundo y el futuro.

*Este post es una colaboración de Carlos Antonio Gamarra Chávez, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Privada del Norte.

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